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lunes 7 jul 08

El campeón que se va sin corona

El campeón que se va sin corona

POR J.M. CORTIZAS
Quince años son mucho. Una barbaridad si para medirlos se utilizan los almanaques de la Fórmula 1, a la que David Coulthard dirá adiós el primer domingo de noviembre en Brasil. Se va por la puerta grande de la caballerosidad, elegancia y «fair-play». Pero también dejará la máxima expresión de la velocidad como una especie de campeón sin corona. En su trayectoria deportiva se vio, sin pretenderlo, a la sombra de otro elegido. Lo que Alonso vivió la pasada campaña en McLaren no fue sino una versión de la fea conducta que ya tuvo Ron Dennis con el «escocés volador» cuando le trató como a un inferior, un «machaca» de Mika Hakkinen. Adelantó el anuncio de su despedida al encierro corrido por los Red Bull y Toro Rosso en Pamplona, la semana que la F-1 regresaba a Donington, su casa, el trazado en el que ganó dos de las trece carreras que incluye en su palmarés.
No le ha ido mal, no obstante, en el «gran circo» a este oriundo de Twynholm, un pueblo de 300 habitantes donde su abuelo instauró una empresa de transporte que dio de comer a las generaciones sucesivas. Allí ha enclavado Coulthard una casa museo en la que queda constancia de la vertiente más iconoclasta de las carreras. Los trofeos de sus 62 podios de F-1, más los galardones de una incipiente trayectoria iniciada, cómo no, en el karting. En una época compleja para el piloto, quien en un libro autobiográfico editado el pasado año reconocía su pasado bulímico. Le costó mucho superar el problema, pero reaccionó a tiempo para no perder el tren de la F-1.
Un ascenso «histórico»
A ella llegó no de rebote, pero sí por un motivo histórico. Williams le dio la primera oportunidad como probador. Lo era cuando el equipo contaba en sus asientos con Senna y Damon Hill. Cuando el mítico astro brasileño se mató en San Marino, sir Frank Williams revolvió el panorama en busca de un piloto al que poner ante el volante del malogrado campeón. Prost y Patrese se acababan de retirar, Mansell no podía librarse automáticamente de sus contratos en Estados Unidos y Frentzen se negó a dejar Sauber. Las miradas se centraron en Coulthard, a sabiendas que Mansell acabaría por recalar en el equipo.
Su gran oportunidad de tocar el cielo le llegó en McLaren. O eso creía. Cuenta en su libro cómo despertó del sueño. Tras una calificación, llegó Ron Dennis al «box». El escocés se levantó para estrecharle la mano y el jefe de equipo le obvió. Se abrazó a Hakkinen y le preguntó por sus planes. Tras escucharle cuestionó «¿qué van a hacer ellos?», en referencia a Coulthard y su ingeniero de pista. «Me suena el trato injusto que ha vivido Fernando Alonso», apunta sin rencor en su voz.

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